Por David Irribarren
Siempre fui un gran admirador de las grandes voces, no me importaba el estilo, ni el idioma solo me interesaba que ese sonido proveniente de las cuerdas vocales me llegue al corazón, me ponga la “piel de gallina”. Sentarse a escuchar a un buen cantante es como tomarse un buen whisky, uno lo saborea, lo deja reposar y con los años se pone mejor, pero solo le pasa a los buenos productos, lo malo, lo inconsistente al poco tiempo no puede mantener ese sabor, digno de unos pocos privilegiados.
Él fue uno de esos únicos, inigualables, inimitables… dueño de una voz que cayó en nuestro planeta por equivocación pero que se enamoró de nuestro mundo y nos regaló todo lo que traía con él, sin pedir nada a cambio, sin fijarse a quién. Luchó con sus demonios, sufrió los embates de la vida una y otra vez y al final su cuerpo no soportó más y su alma (soul) decidió irse de este mundo y volver al lugar de donde vino, tierra de seres de luz que tienen como misión mejorar la vida de los demás con melodías.
Nos dejó su música, el mejor de sus regalos, para que sigamos disfrutando de él, aunque no lo tengamos físicamente. No fue el único y esperemos que nunca lo sea, pero fue él, Marvin Gaye, no otro.
Lo escucho hoy y me sigue pareciendo actual, cercano, siempre tienen que sonar en mi semana, lo necesito, es parte de mi como lo son muchos otros que cumplen con esa misión de hacernos olvidar de todas las cosas que nos afligen por un tiempo determinado. Pero pocos representan tan bien la desgracia y la dicha humana con su voz como este señor que puede decirte “no hay montaña lo suficientemente grande como para separar nuestro amor” como “has planeado dejarme por el otro al que amas más”, amor-desamor, felicidad-tristeza… él supo representar esa bipolaridad, esa ambivalencia del ser humano como ningún otro.
Voz áspera, dulce, intensa y delicada, lo tenía todo para todos. Basta con cerrar los ojos y escuchar para corrobora lo que les digo, el sentir y la conexión son instantáneas, su melodía llega a lo más profundo de tu alma.
Enamoraba a las mujeres y generaba admiración entre los hombres, era ideal y terrenal a la vez, como esos héroes de fábulas, semi-dioses. Él era nuestro y del olimpo. Gracias por elegirnos para disfrutar de tu voz.

